Cuba Debate: Rehenes en el Norte

La estela de espuma de mar que dejó en la bahía habanera el Empress of the Seas, en su viaje de retorno, puede ser la simbólica imagen del portazo que la administración Trump acaba de darle a la industria de cruceros y a los cientos de miles de estadounidenses que esperaban llegar por mar a la bella nación caribeña que por decenas de años le han prohibido visitar.

Pocas veces, y nunca por tan prolongado tiempo, le ha sido vedado al pueblo estadounidense el derecho a viajar y conocer otros pueblos. El bloqueo los ha convertido en rehenes de su gobierno por casi 60 años. Cuba sigue siendo el único lugar del planeta al que los ciudadanos estadounidenses no pueden ir como turistas. Pero al menos, en los finales del mandato de Obama, se les abrió una ventana con la autorización de los vuelos comerciales y cruceros para traer hasta el archipiélago vecino a quienes pudieran utilizar alguna de las 12 licencias que autorizaban a viajar hasta aquí.

Las afiebradas decisiones que la Casa Blanca de Trump ha tomado en los últimos meses pretenden cortar el creciente flujo de estadounidense que están viniendo a Cuba, a contrapelo de prejuicios y de campañas perversas. En el 2018, 637 907 estadounidenses (sin contar los de origen cubano) pisaron suelo cubano. En el 2019, hasta abril, ya nos habían visitado bajo las licencias permitidas, 257 406 (+93.6% respecto a abril de 2018). La mayor parte vino en grupos de «pueblo a pueblo» y viajando en cruceros; ambas posibilidades han sido cerradas de tajo.

Historias del trumpicidio

La Plaza Vieja en La Habana Vieja. Foto tomada por la GM Susan Polgar y compartida en su álbum de fotos en Google.

La legendaria Gran Maestra de ajedrez Susan Polgar era una de las pasajeras del Empress of the Seas. Había venido a Cuba a rendir tributo a José Raúl Capablanca, «uno de los grandes de siempre». En su perfil de Facebook describió la emotiva despedida del crucero: «¡Es oficial! ¡Nuestro barco ha salido de La Habana! ¡Este es el último barco de los EEUU para salir de Cuba! Muchos cubanos se alinearon junto al muelle para despedirse. ¡Muchos taxis estaban tocando sus cláxon y nuestro barco hizo lo mismo! Hasta que se cambien las leyes, no se permiten más barcos».

La noticia del fin de los viajes de los cruceros a Cuba cogió sorprendidos a los pasajeros del Empress of the Seas. «Bien o mal, no sabemos nada de esto como ciudadanos estadounidenses. Fue una sorpresa total para nosotros», le declaró a la AFP la texana Linda Mensure.

Peor fue el impacto para la enfermera Cindy Hamilton: «Soy una de los cientos de pasajeros muy enojados a bordo de un crucero en medio del Caribe. Todos planeamos este crucero anticipando nuestra parada en Cuba. ¡Muy molesta!, escribió en su cuenta de Twitter. Al menos dos cruceros fueron sorprendidos por la noticia en travesía y debieron cambiar ruta abruptamente, generando el mismo malestar de Cindy en miles de personas a bordo.

El Alcalde de la ciudad floridana de St. Petersburg, Rick Kriseman, fue uno de esos frustrados con la decisión. Se proponía viajar a Cuba junto a una docena de familiares y amigos. Habían salido desde Puerto Cañaveral.

Kriseman contó a una emisora local: «Se suponía que el crucero debía abandonar Puerto Cañaveral, pasar la noche en Cayo Hueso y dirigirse a La Habana.

“La mañana que llegamos a Cayo Hueso, recibí un mensaje de correo electrónico de mi jefe de políticas, adjuntando un artículo de CNN que indicaba que el presidente Trump había cambiado la política, a partir del 5 de junio. Pero parecía indicar que iba a haber una excepción para aquellos que ya habían hecho planes de viaje: se les permitiría viajar.

«Irónicamente, sabíamos que íbamos a llegar a Cuba el 5 de junio. En cierto modo nos decíamos: «bueno, bueno, parece que vamos a ser los últimos en ir de crucero allí».

[…]»Y estábamos casi media hora, tal vez, fuera del puerto de Cayo Hueso, nos dirigíamos a La Habana, cuando llegó un anuncio por el intercomunicador que decía que había un cambio en la política del gobierno federal hacia Cuba, y que el barco iba a tener que cambiar de ruta y no iba a ir a La Habana, sino a Nassau en las Bahamas «.

[…]»…fue muy frustrante. Me sentí muy mal por mi familia y por todos los demás en el barco. Soy afortunado, he estado en Cuba tres veces. Pero la mayoría de mi familia -con la excepción de mi esposa y mis hijos, porque me acompañaron en nuestra segunda visita cuando los Rays jugaron allí´-, el resto de la familia nunca había estado en Cuba. Estaban muy emocionados de ir. (…)»

«Así que todos estábamos muy frustrados. Había personas que estaban en el barco que iban a ver a la familia en Cuba. Y ahora no iban a ver a su familia.

«Entonces, tenías alrededor de 2,000 personas en este barco, creo que la mayoría de los que estaban en este barco era específicamente porque iba a Cuba, que estaban increíblemente decepcionados ahora que no íbamos a poder ir».

Los cruceros Norwegian Sky y Empress of the Seas (apenas es visible su chimenea detrás del cartel) coinciden el 4 de junio en la Terminal de Cruceros de La Habana. Foto: Ramón Espinosa / AP

Según la Asociación Internacional de Líneas de Cruceros, las restricciones de la administración Trump afectarán a más de 620 viajes de cruceros pprevistos y «a casi 800 mil reservas de pasajeros que actualmente están programadas o ya están en curso». Muchos de ellos probablemente reservaron pasajes sólo para ir a Cuba, dice esa organización.

Cheryl Kolar, una jubilada de 68 años que había viajado en crucero a La Habana, resumió a Reuters el sentimiento de muchos: «Pienso que estamos viniendo aquí como turistas, pero estás aprendiendo mucho. Es ridículo que no podamos venir más. Cuba es el único país al que no se nos permite ir. Podemos ir a Rusia, pero por alguna razón, Trump tiene algo contra Cuba»

Impactos visibles

El puerto de Tampa puede ser uno de los afectados por las nuevas restricciones de viajes. Desde allí partía hacia Cuba, cada 15 días, el Carnival Paradise ( 2 mil pasajeros), con salidas programadas hasta fines de 2020.

Aunque el Vicepresidente Ejecutivo del puerto, Raúl Alfonso, le dijo al Tampa Bay Times que no tenía preocupaciones, pues Carnival les aseguró que mantendrá el mismo número de cruceros desde Tampa; Suzanne Carlson, fundadora de Tarpen Springs´Maritime Travel una organizadora de cruceros a Cuba, valoró el impacto para la misma publicación: «Esto es enorme. La mayoría de los que reservaron estos cruceros hicieron reservaciones para ir a La Habana. Tendremos que ver lo que todos quieren hacer».

La publicación digital The Virginian Pilot , por su parte, alertaba de la afectación previsible a la ciudad de Norfolk, a dónde había regresado la compañía Carnival luego de retirarse hacía un año. «Cruceros de Norfolk a Cuba afectados por las prohibiciones de viajes de la administración Trump» es el título de un artículo del pasado 10 de junio que refleja la frustración que ha dejado en esa localidad.

Carnival operará con dos cruceros desde Norfolk; uno de ellos es el recién renovado Carnival Radiance, un crucero para 3 mil pasajeros, que recibirá mejoras por 200 millones de dólares. La idea era que el Radiance y el recién renovado Sunrise viajaran desde Norfolk a Cuba, comenzando en octubre de 2020.

Pero ese propósito no llegará a buen término. Norfolk, como otros puertos y miles de pasajeros han quedado en el limbo en relación con los cruceros a Cuba. Las autoridades portuarias ni siquiera fueron notificadas de la medida: «Lo vimos en la CNN probablemente como todos los demás», dijo Stephen Kirkland, director ejecutivo de Nauticus, la compañía que maneja el atraque de cruceros en el puerto de Norfolk. «Estamos decepcionados»

El recién renovado Carnival Sunrise partiendo del Nauticus´ Decker Half Moone Cruise Center, en el puerto de Norfolk, el 29 de abril de 2019. Sunrise sería uno de los cruceros que viajaría a Cuba desde este puerto en 2020. Las nuevas restricciones de Trump lo impiden. Foto: The Virginian Pilot

Fue igual la reacción de Adam Goldstein, Presidente de la Asociación Internacional de Líneas de Cruceros ( CLIA por sus siglas en inglés), quien declaró: «Estamos decepcionados de que los cruceros ya no operen en Cuba».

Mientras el CEO de Carnival Corporation, Arnold Donald, dijo en el North American Leaders Forum en Nueva York que «Cuando Cuba (para los viajes de cruceros) se cerró, fueron cerrados de inmediato, sin tiempo para prepararse. Había mucha gente que estaba viajando a Cuba. Eso no quiere decir que todavía no puedan ir a Cuba. Hay otras formas. Pero hubo un montón de llamadas que tuvimos que atender. Ese tipo de cosas impactan en nuestro negocio»

Las compañías de cruceros han tenido que reformular los itinerarios de sus barcos que tenían puertos cubanos entre sus paradas, dirigiéndolos ahora a México y Bahamas. Han tenido por ello que comunicarle a los pasajeros con reservas que pueden recibir reembolsos de hasta un 50% por los nuevos itinerarios o pueden cancelar sus viajes con reembolso completo.

Un analista de viajes de Atmosphere Research Group valoró a la AP que el cierre tendría «un impacto notable en las ganancias de las líneas de cruceros este trimestre y el resto de este año, y probablemente en 2020».

Si bien los viajes a Cuba son apenas el 3-4% del total de esas compañías, tienen precios un 20% superiores que los viajes a Bahamas, apuntan analistas. El Consejo Comercial y Económico EE.UU-Cuba cifra en 761 millones de dólares los ingresos brutos de esas empresas por sus viajes a Cuba entre 2017 y 2019.

Algunas líneas de cruceros quedaron incluso vestidas para el frustrado convite, pues empezaban a viajar hacia Cuba en meses próximos. Una de ellas es Virgin Voyages, la cual tenía viaje inaugural a La Habana desde el Puerto de Miami a inicios de 2020.

  • El 2 de mayo de 2016, el Adonia Fathom fue el primer crucero en llegar desde EE.UU en más de 50 años.

  • En el 2018 arribaron a Cuba 877.000 turistas a través de cruceros de las navieras Royal Caribbean, Carnival Cruise Lines y Norwegian Cruise Line. El 38,9% de ellos eran estadounidenses, según cifras oficiales.

  • El 55% de los visitantes de EE.UU que llegaron a Cuba de enero a abril de 2019 lo hicieron en cruceros.

  • Hasta el cierre de mayo 2019 habían llegado en el año 409 mil cruceristas (+ 2% respecto a mayo 2018)

Los estudiantes de Blue Ridge posan con miembros de la tropa de baile Habana Compas durante una de las paradas de su viaje de siete días  a Cuba. Foto: The Transylvania Times

Los viajes educativos grupales  que se amparaban en la licencia «pueblo a pueblo» han quedado cancelados. Al fin del trasiego de los cruceros, se añade que las aerolíneas comerciales estadounidenses que vuelan a Cuba han comunicado que no están recibiendo reservas para personas que lo hagan desde programas «pueblo a pueblo»

Collin Laverty, un veterano promotor del intercambio entre ambos países y presidente de Cuba Educational Travel, declaró en un comunicado el propio 5 de junio, que las decisiones de la administración Trump limitarán aun más la capacidad de los estadounidenses de viajar a la nación vecina y que son «terribles para las compañias estadounidenses que están proporcionado empleo y pagando impuestos en EE.UU, y que crean una huella económica en la isla».

La cancelación reciente de los viajes grupales «pueblo a pueblo» había sido precedida por la prohibición de los viajes individuales bajo esa licencia, en noviembre de 2017, lo que produjo afectaciones económica no sólo a los cubanos arrendadores de viviendas para el turismo, sino que impactó también al floreciente negocio que Airbnb venía teniendo en Cuba desde 2015.

Airbnb, con su sistema de reservaciones en casas privadas por internet, había penetrado con fuerza en el mercado cubano, que llegó a ser el noveno más popular entre las ofertas de esa compañía y el de más rápido crecimiento. El 35% de sus reservaciones en Cuba en 2017 provenían de Estados Unidos.

La ocupación de las viviendas particulares vinculadas al turismo fue de un 90% en 2016, pero bajó a apenas un 44% en 2018, según estadísticas que suministró a principios de este año el Director Comercial del MINTUR Michel Bernal.

El golpe al intercambio educacional también se ha acentuado por las dificultades para que profesores y académicos cubanos obtengan visas para ir a EE.UU, ante la inoperancia del consulado de la Embajada estadounidense en La Habana, por falta de personal y la obligación de buscar visado en terceros países. El reciente Congreso de LASA en Boston, anclado en la vigencia del ensayo «Nuestra América» de José Martí, perdió lucidez y sustancia por la ausencia de la mayor parte de los delegados cubanos.

En Tampa, el Centro de Estudios «José Martí» de una Universidad privada local tuvo que cancelar la presencia de un profesor cubano en el curso sobre la Historia de la presencia de Tampa en la luchas por la independencia de Cuba en los finales del siglo XIX, debido a lo complejo y costoso que se convirtió el viaje del académico invitado.

Diversas reacciones dentro del Imperio

El senador Patrick Leahy criticó fuertemente medidas de Trump sobre Cuba.

Las medidas anuncidas por la Secretaría del Tesoro y la de Comercio recibieron de inmediato el rechazo de miembros del Congreso estadounidense, grupos empresariales, autoridades locales, medios de comunicación y organizaciones favorables a la normalización de las relaciones entre los dos países.

Muchas de esas voces condenaron el impacto negativo que esas limitaciones tendrán sobre el pueblo cubano y las empresas estadounidenses, al tiempo que consideraron las medidas como una violación del derecho de los estadounidenses a viajar libremente.

Una de las más notorias y fuertes ha sido la del veterano Senador Patrick Leahy, quien en la Cámara Alta del Congreso estadounidense catalogó como tontas y vergonzozas las restricciones. «…No es solo tonta, es una vergüenza que afectará a muchos estadounidenses y a mucha gente buena en Cuba: la decisión anunciada por el Departamento del Tesoro de limitar severamente los viajes de los norteamericanos a la isla, expresó.

Leahy instó a sus colegas «a no permitir que los mismos argumentos viejos, desgastados, de la Guerra Fría, aislacionistas, temerosos y fallidos sobre Cuba se interpongan en el camino del sentido común».que restringe el derecho de los estadounidenses a visitar Cuba, a pesar de que una abrumadora mayoría de norteamericanos, tanto republicanos como demócratas, se oponen a esas prohibiciones» (…) ¿Qué tipo de Gobierno les dice a sus ciudadanos a dónde pueden viajar o dónde pueden gastar su dinero?», cuestionó el senador.

En su encendida intervención afirmó: «Los cruceros dejarán de navegar. Los intercambios educativos y culturales se cerrarán. Los equipos deportivos se quedarán en casa. Las misiones comerciales terminarán. Los agricultores y las empresas estadounidense serán excluidos».

Destacó que todas las veces que ha visitado Cuba apreció que sus habitantes son muy acogedores con los estadounidenses. «A diferencia de la gente de la Casa Blanca y en el Departamento del Tesoro, que nunca han ido a Cuba, yo sí he estado allí, así como mi esposa Marcelle y una de mis nietas».

«La postura de esta administración está siendo guiada por un par de figuras de línea dura en el Consejo de Seguridad Nacional que nunca han puesto un pie en Cuba, pero que están en una cruzada con el fin de presionar al Gobierno cubano para que cambie sus políticas», señaló Leahy quien anunció que presentará el proyecto denominado Ley de Libertad para viajar a Cuba ante el Congreso estadounidense.

También la senadora y precandidata presidencial demócrata Amy Klobuchar dio a conocer una declaración en la que afirma que «Cincuenta y cinco años de aislamiento a Cuba no han hecho avanzar nuestros intereses y han perjudicado a las empresas y agricultores estadounidenses. Necesitamos expandir el compromiso con Cuba y continuar con el progreso que hemos logrado, no .egresar a las políticas del pasado. Estados Unidos está mejor cuando estamos innovando, haciendo cosas y exportando al mundo- debemos alentar, no desalentar, el compromiso con Cuba»

Klobuchar encabezó a un grupo de 12 senadores que enviaron una carta a los secretarios del Tesoro, Steven Mnuchin, y de Comercio, Wilbur Ross, para rechazar esas medidas. Los firmantes de la misiva incluyeron a otros dos aspirantes a la Casa Blanca por el Partido Demócrata, Bernie Sanders y Elizabeth Warren.

«En lugar de regresar a las políticas fallidas del pasado, deberíamos trabajar para normalizar nuestras relaciones con Cuba y construir un vínculo que beneficie a ambos países», expresaron los senadores.

Al menos otros dos aspirantes demócratas a la Casa Blanca han criticado la postura de Trump hacia Cuba: el excongresista Beto O’Rourke; y el alcalde de South Bend, Indiana, Pete Buttigieg.

La representante demócrata por Florida, Kathy Castor, expresó en un comunicado que la política del presidente Trump impone un alto precio a los propietarios de pequeñas empresas y emprendedores en Cuba, a las familias, y a la libertad de los estadounidenses para viajar.

Su colega Barbara Lee, congresista del mismo partido por California, estimó que las restricciones solo perjudicarán al pueblo cubano y a los intereses norteamericanos en la isla, al tiempo que intensificará «la política fallida del embargo».

En el mundo empresarial destaca la Declaración del Consejo de Negocios Estados Unidos-Cuba, la cual señala que estas reglas interrumpirán las operaciones comerciales en el sector de los viajes, lo cual está fuera de sintonía con los esfuerzos declarados de la administración de que evitaría causar daños a las empresas norteamericanas que hacen negocios legalmente en Cuba. «Hacemos un llamado a la administración para permitir que los estadounidenses ejerzan su libertad de viajar y alentar al Congreso a actuar en apoyo de este derecho fundamental», dice el ente de negocios que actúa bajo la sombrilla de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos.

Mientras, Terry Dale, el Presidente de la Asociación de Turoperadores de Estados Unidos, declaró que aunque la industria se ajustará a las restricciones impuestas a los viajes educativos «persona a persona» a Cuba, estará «en primera línea» en defensa de que estos viajes vuelvan a ser permitidos.

Dale recordó que la Asociación, creada hace más de 40 años, ha apoyado una política de «fronteras abiertas» y continuará abogando por el crecimiento de la industria del turismo y por la libertad de viajar para los estadounidenses.

El Consejo Nacional de Comercio Exterior (NFTC) de Estados Unidos consideró, por su parte, como equivocadas las nuevas decisiones de la administración de Donald Trump contra el intercambio con Cuba. Un pronunciamiento del vicepresidente del NFTC, Jake Colvin, subrayó restringir a las compañías de la participación en la Zona Especial de Desarrollo Mariel impide que los estadounidenses tomen parte en una actividad económica potencialmente beneficiosa para los trabajadores y el pueblo cubano.

La coalición Engage Cuba, promotora del acercamiento entre Estados Unidos y nuestro país, consideró profundamente lamentable la emisión de nuevas restricciones. «Es profundamente lamentable que esta decisión se basara en la política y la agenda personal de dos miembros del Congreso, y no en una preocupación genuina por el pueblo cubano, que apoya el acercamiento a Estados Unidos», expresó en un comunicado el presidente de la agrupación, James Williams.

Aunque no menciona específicamente el nombre de esos dos legisladores, parece hacer alusión al senador Marco Rubio y al congresista Mario Díaz-Balart, considerados los principales responsables de la posición de Trump hacia la isla.

Para Williams, estas regulaciones adicionales sobre las empresas norteamericanas simplemente dificultarán hacer negocios en Cuba, lo cual provocará que Estados Unidos deje de generar miles de millones de dólares y miles de puestos de trabajo.

Líderes de opinión y medios de comunicación también se han pronunciado. Richard Quest, anfitrión del programa financiero internacional de CNN, Quest Means Business, en un reciente foro empresarial describió los cambios como ocurridos «de la noche a la mañana» y agregó que la medida afecta severamente a «las grandes compañías que tienen activos de capital fijo que emplean a decenas de miles de personas». Y subrayó: “Usted tiene una administración anterior que abre Cuba [y] la próxima administración prácticamente la cierra de la noche a la mañana. Si eso es o no una buena geopolítica, te lo dejaré. Pero ciertamente no ayuda a la industria del turismo «.

Un medio local como el Gainsville Sun publicó un editorial bajo el título «Los límites de viajes a Cuba golpean el objetivo equivocado», en el que apunta que al parecer poco importa que los ciudadanos de EE.UU puedan viajar a dondequiera menos a Cuba, la cual está a 90 millas de Cayo Hueso. «La visión de la administración Trump luce más como un intento de ganar votos de la comunidad cubana exiliada que un bien planeado modo de causar cambios en Cuba», afirma la publicación.

El mayor perdedor

En diversas cartas a los medios estadounidenses y artículos de opinión los ciudadanos se cuestionan de quién los protege tales sanciones y cuál es la realidad que les pretenden ocultar.

Un académico estadounidense, el Dr. Samuel B. Hoff, Profesor Distinguido de Historia y Ciencias Políticas en la Universidad Estatal de Delaware. rechazó en duros e irónicos términos la nueva política de Trump en el Delaware State News, en un artículo que tituló «La política de Trump sobre Cuba no supera la prueba del olfato».

Con fino humor escribe: «Además de impedir que los cruceros y las embarcaciones privadas visitaran Cuba, la nueva política de Trump apuntó a programas educativos de «turismo velado», como el Programa de Embajadores People-to-People. ¡Tomo nota de esa caracterización! ¿De qué otra forma podría haberme quedado 66 horas seguidas durante mi viaje de 2003 a Cuba con este último grupo?

«Si bien el personal de la Casa Blanca de Trump obviamente cree que más sanciones y menos comercio con Cuba ahogarán a su gobierno y al ejército y conducirán a un cambio generalizado, esa fórmula ha fracasado durante medio siglo.»

En una misiva al Sun Sentinel, el ciudadano Stanley Greenbaum remarcó: «El corte de los viajes de cruceros a Cuba es una de las cosas más tontas que podría hacer el presidente Trump.

«Primero, daña la economía de la Florida. En segundo lugar, los viajes en crucero crearon la capacidad de que una puerta permanezca ligeramente abierta entre nuestro vecino a 90 millas de nuestra costa. Le dio al pueblo cubano la oportunidad de reunirse y hablar con los estadounidenses y ver de qué se trata, y posiblemente mejorar las relaciones.»

Bridget Perch Southbridge, un residente de Massachusetts que visitó Cuba a bordo de un crucero de la compañía Royal Caribbean, horas antes del cierre, afirmó a la Agencia Cubana de Noticias que ni siquiera las personas que votaron por Donald Trump pueden estar de acuerdo con estas medidas.

«El pueblo estadounidense es el mayor perdedor con esta decisión anunciada por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, porque se le aleja de un vecino natural al que todos quieren conocer», dijo.

«Nos enteramos de la noticia estando ya camino a la Isla, y la reacción de todos fue la misma: no podíamos creer que el gobierno estadounidense continuara coartando las posibilidades de viajar, y más a un país seguro y con una historia increíble como es Cuba.

«No hay necesidad de cuidarnos de nada aquí, de hecho, posiblemente estemos más seguros en estas calles que en algunos de los lugares donde vivimos», expresó Perch Southbridge mientras paseaba por La Habana Vieja.

Sus palabras y las de muchos encuentran oídos sordos en la Casa Blanca, que por ahora sólo oye los susurros sibalinos de los Bolton, Rubio y compañía. El pueblo estadounidense vive rehén de una obsecada e irracional política hacia Cuba

Haga clic aquí para leer el artículo original.